¿Qué es una planta de biogás y qué beneficios aporta?

 

Qué es una planta de biogás y qué beneficios aporta

Publicado: 17.AGO.2026



 

La transición hacia un modelo energético más sostenible no consiste únicamente en sustituir los combustibles fósiles por energía solar o eólica. También implica encontrar nuevas formas de aprovechar los residuos que generamos y convertirlos en recursos útiles para la sociedad. En este contexto, las plantas de biogás desempeñan un papel cada vez más importante, ya que permiten transformar determinados residuos orgánicos en energía renovable.

Grosso modo, una planta de biogás convierte restos procedentes de explotaciones agrícolas, ganaderas, industrias agroalimentarias, estaciones depuradoras de agua o incluso residuos orgánicos urbanos, en gas que puede ser empleado para producir electricidad, calor o, después de someterlo a un proceso de purificación, biometano para ser utilizado como combustible para los vehículos.

Pero además, y por si fuera poco todo lo anterior, el subproducto que resulta después de la descomposición de la materia orgánica  —llamado digestato—  también puede aprovecharse como fertilizante orgánico.

De esta manera, una planta de biogás puede integrarse dentro de un modelo de economía circular, en el que los residuos orgánicos que la sociedad genera dejan de considerarse un problema y pasan a convertirse en materias primas y en una oportunidad de negocio ‘sostenible’.

 

Pero, ¿qué es una planta de biogás?

Concretando un poco más con la definición, una planta de biogás es una instalación industrial diseñada para producir y aprovechar el gas que se genera mediante la digestión anaerobia de materia orgánica.

La digestión anaerobia es un proceso biológico en el que determinados microorganismos descomponen, de manera natural, la materia orgánica en ausencia de oxígeno. Durante este proceso se produce una mezcla gaseosa denominada biogás, compuesta principalmente por metano (CH4) y dióxido de carbono (CO2), además de pequeñas cantidades de otros gases.

El metano es el componente energético fundamental y que, posiblemente, más nos pueda interesar. Y todo ello, porque el metano que se obtiene en una planta de biogás se puede emplear para la generación de electricidad y calor mediante su combustión controlada en una planta de cogeneración (instalación industrial que produce electricidad y calor útil al mismo tiempo usando un solo combustible, por ejemplo, metano).

También el metano puede someterse a un proceso de depuración para eliminar gran parte del CO2 y otras impurezas, obteniéndose entonces biometano, un gas renovable con características similares al gas natural y que puede utilizarse en aplicaciones industriales, domésticas o incluso como combustible sostenible para vehículos de combustión.

De un modo esquemático, el funcionamiento de una planta de biogás puede resumirse en las siguientes etapas:

1.  Recepción y preparación de los residuos: En primer lugar se recepcionan los residuos en la planta (estiércoles, lodos, restos agrícolas o industriales, etc.) y se mezclan dentro de un tanque, previa trituración y pesaje, para obtener una biomasa más o menos homogénea. Si se usan residuos con posible riesgo sanitario (como, por ejemplo, subproductos cárnicos), la biomasa pasa por un proceso de pasteurización a más de 70 °C para eliminar patógenos.

2.  Digestión anaerobia: La biomasa homogénea obtenida de la etapa anterior se introduce en el digestor anaerobio. Se trata de un gran tanque cerrado y hermético (fabricado de hormigón o acero) donde los residuos orgánicos se descomponen sin presencia de oxígeno mediante la acción de determinados grupos de bacterias. Este proceso, que tiene lugar de manera natural y espontánea, genera dos salidas principales: el biogás en la parte superior del tanque y un abono natural, llamado digestato, por el fondo del tanque digestor.

3.  Tratamiento y almacenamiento del biogás: A continuación el biogás generado se deshidrata (se elimina el vapor de agua) y se desulfura para extraer el ácido sulfhídrico (H2S) que resulta corrosivo. Para su almacenamiento temporal en la planta, se puede llevar a cabo en cúpulas integradas en la parte superior del propio digestor, separadas del resto del tanque mediante membranas flexibles de doble capa o en gasómetros independientes a baja presión. Si el biogás se purifica para convertirlo en biometano, éste también se puede comprimir y guardar en tanques independientes de alta presión.

4.  Aprovechamiento energético del biogás y gestión del digestato resultante: Como ya se ha indicado, el biogás purificado se utiliza para quemarlo en plantas de cogeneración para producir electricidad y calor, o bien se refina para obtener biometano e inyectarlo en la red de distribución de gas natural o como combustible sostenible. Por otro lado, el residuo sólido/líquido resultante del fondo del digestor (el digestato), ya estabilizado y sin malos olores, se extrae para ser utilizado como fertilizante orgánico de alta calidad en la agricultura.

Esquema explicativo del funcionamiento de una planta de biogás

 

 

¿Qué residuos utiliza una planta de biogás?

Una de las principales ventajas de esta tecnología es la variedad de materias primas que puede utilizar. Sin embargo, no todos los residuos orgánicos son igualmente adecuados. Su composición, humedad, contenido en materia orgánica y facilidad de degradación condicionan el rendimiento del proceso en una planta de biogás.

Entre los residuos más utilizados se encuentran los purines y estiércoles ganaderos, especialmente los procedentes de explotaciones porcinas, vacunas o avícolas. Estos residuos presentan una elevada carga orgánica y, además, su aprovechamiento en plantas de biogás permite reducir el gran problema que tienen las explotaciones ganaderas asociado a su gestión.

También pueden utilizarse residuos procedentes de la industria agroalimentaria, como restos de frutas y verduras, subproductos de mataderos, residuos de industrias lácteas, restos de cereales, aceites y grasas o determinados residuos de la industria conservera.

Otro recurso interesante son los residuos agrícolas, como restos de cultivos, restos de podas y determinados subproductos vegetales. En algunos casos también pueden utilizarse residuos orgánicos procedentes de la recogida selectiva en las ciudades, siempre que hayan sido separados previamente y depositados adecuadamente como restos orgánicos.

Las estaciones depuradoras de aguas constituyen asimismo otra fuente importante de materia prima para las plantas de biogás. En ellas, los lodos generados durante el tratamiento de las aguas residuales urbanas pueden someterse también a un proceso de digestión anaerobia para producir biogás.

 

¿Cuál es el emplazamiento idóneo de una planta de biogás?

La elección del emplazamiento es uno de los aspectos más importantes para garantizar la viabilidad de una planta de biogás. No basta con disponer de terrenos disponibles: es necesario que exista una combinación adecuada de cercanía y abundancia de materias primas, buenas vías de comunicación para transportar las materias primas a la planta y posibilidades de aprovechamiento energético del biogás obtenido y del digestato como fertilizante.

Por tanto, resulta conveniente situar la instalación cerca de las fuentes de residuos que se van a utilizar en la planta. Transportar grandes cantidades de materia orgánica durante largas distancias puede incrementar los costes económicos, además de las emisiones asociadas a su transporte.

Por este motivo, las zonas con una importante actividad ganadera, agrícola o agroalimentaria  —por la abundancia de residuos orgánicos que generan—  suelen presentarse como localizaciones idóneas para desarrollar este tipo de instalaciones.

También es importante disponer de buenas conexiones mediante carreteras y, cuando sea necesario, proximidad a redes eléctricas o de gas. Si la planta produce biometano destinado a su inyección en la red pública de distribución, sería conveniente que alguna línea de distribución de gas natural discurriera cerca de la planta.

Y, por supuesto, el emplazamiento de una planta de biogás deberá cumplir con las correspondientes condiciones urbanísticas, ambientales y de seguridad. Deberá evitarse una localización incompatible con núcleos residenciales o dentro de espacios ambientalmente sensibles y, una vez puesta en marcha la instalación, deberán establecerse medidas para controlar y monitorizar la producción de olores, ruido, tráfico de camiones y posibles emisiones de gases o derrames incontrolados de subproductos.

 

Beneficios medioambientales

Uno de los principales argumentos a favor de la construcción de una planta de biogás es su capacidad para contribuir a una mejor gestión de los residuos.

Cuando determinados residuos orgánicos se gestionan de forma inadecuada, pueden producir emisiones de gases de efecto invernadero, contaminación de suelos y aguas o problemas de olores. Su tratamiento en una planta de biogás mediante digestión anaerobia permite controlar el proceso y aprovechar el metano generado.

Además, el biogás constituye una fuente de energía renovable. Su utilización para producir electricidad, calor o biometano permite sustituir parcialmente otras fuentes energéticas de origen fósil.

Otro beneficio importante de una planta de biogás es que permite recuperar nutrientes. El proceso de digestión anaerobia de los restos orgánicos genera digestato, un fertilizante orgánico muy rico en nutrientes esenciales para las plantas.

De esta manera, se puede cerrar parcialmente el ciclo de los nutrientes: los residuos procedentes de la actividad agrícola o ganadera se transforman en una planta de biogás para generar el digestato, que convertido en fertilizante orgánico regresa de nuevo al suelo de cultivo.

Además, cuando el biogás procede de residuos que inevitablemente se generan con la actividad humana, su aprovechamiento energético puede contribuir a reducir el impacto climático asociado a su gestión.

 

 

¿Qué inconvenientes puede generar una planta de biogás?

Aunque las plantas de biogás presentan numerosas ventajas, como ya hemos indicado, tampoco están exentas de inconvenientes.

Uno de los principales es la inversión inicial. La construcción de digestores, sistemas de almacenamiento, tratamiento del gas, motores, instalaciones eléctricas y sistemas de control requiere de un desembolso inicial considerable.

También es necesario garantizar un suministro estable de materias primas para alimentar a la planta. Una planta diseñada para procesar grandes cantidades de residuos orgánicos necesita disponer de un flujo constante durante todo el año. Si la disponibilidad disminuye en ciertas épocas del año o cambia la composición química de los residuos, entonces puede verse afectado seriamente el rendimiento de la planta.

Otro aspecto, que quizás más recelos despierta entre la opinión pública, son los olores y el tráfico rodado que genera el funcionamiento de una planta de biogás. El transporte continuo de residuos hacia la planta mediante camiones, puede generar molestias en las zonas urbanas próximas a la planta. Por ello, se hace necesario una planificación correcta de las rutas y horarios de los vehículos pesados para causar la menor afección posible a los vecinos de la zona.

También existen riesgos técnicos asociados a la manipulación del biogás, ya que el metano es altamente inflamable y algunos componentes del gas, como el sulfuro de hidrógeno, pueden resultar peligrosos. La planta debe disponer, por tanto, de sistemas de seguridad, detección de gases, ventilación y de un plan de prevención de incendios.

Finalmente, una mala gestión del digestato podría generar problemas ambientales si se produjeran derrames accidentales. No basta con producir un subproducto, como el digestato, potencialmente útil para ser usado como fertilizante: es necesario garantizar que su composición química sea la adecuada y que su aplicación agrícola se realice correctamente.

 

Una pieza más de la economía circular

Aparte de los posibles inconvenientes, las plantas de biogás representan una tecnología capaz de conectar y dar respuesta a tres necesidades diferentes de la sociedad actual: gestionar residuos, producir energía renovable y recuperar recursos.

Su mayor potencial aparece cuando se integran en territorios donde existe una producción suficiente y estable de residuos orgánicos y, al mismo tiempo, existe una demanda para la energía, el biometano, el calor o los subproductos derivados.

No obstante, una planta de biogás no debe considerarse como una solución universal para todos los residuos ni una alternativa que sustituya por completo a otras fuentes renovables. Su utilidad depende de factores como la disponibilidad de materia prima, la ubicación, la infraestructura energética, los costes de transporte y las posibilidades de aprovechamiento de los subproductos.

Bien planificada, una planta de biogás puede transformar un problema de una zona  —la generación de residuos orgánicos—  en una oportunidad. El resultado es un modelo en el que los residuos agrícolas, ganaderos, industriales o urbanos pueden convertirse en energía renovable, fertilizantes y otros recursos, favoreciendo una economía más circular y eficiente.


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