IA, Internet… ¿Cuántos recursos consumen los servicios digitales que usamos a diario?

 

IA, Internet ¿Cuántos recursos consumen los servicios digitales?

Publicado: 12.JUL.2026



 

Seguro que hoy ya has hecho unas cuantas cosas sin pensarlo demasiado: has buscado algo en Google, has visto un par de vídeos, has enviado varios mensajes por WhatsApp, has consultado alguna red social, has guardado unas fotos en la nube y quizá hasta le has preguntado algo a una inteligencia artificial como ChatGPT.

Todo parece mágico. Todo parece instantáneo. Y, sobre todo, parece gratis.

Pero hay una pequeña trampa: nada de eso funciona por arte de magia. Detrás de cada clic existe una gigantesca infraestructura de centros de datos, redes de telecomunicaciones, satélites, cables submarinos y millones de servidores funcionando las 24 horas del día. Y todo eso consume una enorme cantidad de electricidad, agua, materiales y dinero, mucho dinero.

Y eso de la nube, por cierto, tampoco está en el cielo. Está en edificios enormes llenos de ordenadores que no pueden apagarse ni un segundo.

 

 

Internet tiene una factura gigantesca

Aunque resulte difícil imaginarlo, Internet es probablemente una de las mayores máquinas jamás construidas por la humanidad.

Cada búsqueda, cada vídeo y cada fotografía almacenada viajan por miles de kilómetros de fibra óptica hasta llegar a un centro de datos donde un servidor procesa la información y devuelve la respuesta en apenas unas décimas de segundo.

Actualmente existen más de 10.000 centros de datos repartidos por todo el mundo, algunos tan grandes como varios campos de fútbol juntos y con cientos de miles de servidores funcionando simultáneamente.

Según estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), los centros de datos consumen actualmente entre el 1 % y el 1,5 % de toda la electricidad mundial. Si a esto se le suma el consumo de las redes de telecomunicaciones, Internet representa alrededor del 2 % al 3 % del consumo eléctrico global.

Esto puede parecer poco... hasta que lo comparas.

El consumo anual de todos los centros de datos del planeta ronda los 450-500 TWh. Es una cantidad de electricidad similar a la que consume un país entero como Francia o superior a la demanda eléctrica anual de España.

Y esa cifra no deja de crecer cada año. ¿A que ya no te parece tan poco?

 

La inteligencia artificial ha multiplicado el problema

Pero por si fuéramos pocos, la llegada de la flamante IA generativa ha cambiado completamente las reglas del juego.

Una búsqueda tradicional en un buscador de internet consiste, simplificando mucho, en localizar información ya indexada y mostrarla en la pantalla de tu ordenador.

Pero una consulta a un modelo de inteligencia artificial requiere algo muy distinto: enormes procesadores especializados (GPUs) realizan millones de operaciones matemáticas para generar una respuesta completamente nueva cada vez que hacemos una consulta. Aunque sea para pedirle opinión a la IA sobre el color de corbata que más te favorece con tu nuevo traje.

Y todo esto significa mucho más consumo eléctrico del que ya había con ‘el internet tradicional’.

Aunque depende del modelo utilizado, distintos estudios estiman que una consulta a una IA puede consumir entre cinco y diez veces más energía que una búsqueda convencional en Internet con tu buscador de toda la vida.

Puede parecer insignificante cuando haces una sola pregunta. Pero imagina cientos de millones de personas en el mundo realizando varias consultas cada día. La suma empieza a ser descomunal.

De hecho, algunas estimaciones apuntan a que la demanda eléctrica de los centros de datos que dan soporte a la IA podría duplicarse antes de finalizar esta década impulsada, precisamente, por los enormes recursos que necesita la inteligencia artificial para funcionar.

 

Los servidores también tienen sed

Cuando piensas en un ordenador probablemente imaginas que sólo necesita electricidad para funcionar.

Pero lo que quizá no imaginas es agua. Muchísima agua.

Vale, no estoy hablando de tu humilde ordenador de sobremesa, que se refrigera con aire, impulsado por pequeños ventiladores internos.

Estoy hablando de los servidores que dan soporte a Internet, IA y todos los servicios de la nube  —que pueden considerarse formados por muchos, muchos ordenadores conectados—  que generan enormes cantidades de calor mientras trabajan. Y todo este calor se va acumulando en las salas donde se ubican los servidores.

Para evitar averías, los edificios donde se alojan los servidores deben mantenerse a temperaturas muy controladas mediante sofisticados sistemas de refrigeración.

Algunos edificios de servidores utilizan aire acondicionado industrial. Otros emplean circuitos de agua. Y los más grandes, incluso evaporan agua para disipar el enorme calor que generan. Para estos casos, lo que se suele utilizar es el agua de ríos o pantanos para abastecerse.

Las cifras ya empiezan a impresionar.

Se estima que un gran centro de datos puede consumir entre varios cientos de miles y varios millones de litros de agua al día dependiendo de su tamaño, ubicación y sistema de refrigeración.

Generar entre veinte y cincuenta consultas a una inteligencia artificial, puede implicar indirectamente el consumo aproximado de medio litro de agua destinado a la refrigeración de los servidores.

Puede parecer poco otra vez. Pero no eres tú solo el que realiza consultas a la IA.

Porque si cada día se realizan cientos de millones o incluso miles de millones de consultas en el mundo, el consumo agregado alcanza cifras difíciles de imaginar.

Por eso muchas grandes tecnológicas están construyendo sus nuevos centros de datos cerca de ríos, embalses o zonas donde el suministro de agua resulta más abundante. Agua que dejará de estar disponible para otros usos.

 

Ver vídeos también tiene un coste

Por si no lo sabías, el vídeo es, con diferencia, el mayor consumidor de ancho de banda de Internet.

Cada vez que ves una película en streaming, un partido de fútbol o pasas media hora viendo vídeos cortos en redes sociales, enormes cantidades de información viajan continuamente entre servidores y tu dispositivo.

Y cuanta mayor sea la resolución  —4K, 8K o incluso superior—  mayor será el volumen de datos y mayor la energía necesaria para transportarlos y procesarlos.

Lo mismo ocurre con las copias de seguridad automáticas de miles de fotografías, los videojuegos online o el almacenamiento ilimitado en la nube que muchas aplicaciones te prometen alegremente.

Nada de eso se almacena en una nube etérea que pasa por allí de forma natural. Para nada.

Todo termina almacenado en discos duros reales que alguien tiene que comprar, alojar en edificios enormes que hay que construir para los servidores, alimentar eléctricamente, refrigerar, sustituir cuando fallan y proteger frente a incendios, ataques informáticos o cortes eléctricos. Y todo esto cuesta muchísimo dinero y consume muchos recursos para su mantenimiento diario.

 

¿Quién paga toda esta fiesta?

En esta vida, pocas cosas son gratis. Y si utilizas un servicio gratuito, probablemente ya conozcas el viejo dicho: si no pagas por el producto, es porque el producto eres tú.

Buena parte de Internet se financia gracias a la publicidad. Sí, esos anuncios que en ocasiones tanto te molestan, pero que sirven para poder ofrecerte los servicios en abierto de internet, IA, redes sociales…

Las redes sociales, buscadores, servicios de correo y muchas aplicaciones obtienen ingresos vendiendo espacios publicitarios, en ocasiones altamente personalizados, gracias a los datos estadísticos que recopilan sobre los usuarios.

Otros servicios, los que no son gratuitos, funcionan mediante suscripciones. Muchas empresas y personas físicas pagan directamente por utilizar almacenamiento en la nube, inteligencia artificial ‘premium’ o ciertos servicios de computación.

Sin embargo, incluso las grandes tecnológicas tienen unos costes enormes que afrontar diariamente para el mantenimiento de sus centros de datos e infraestructuras (cables de fibra, satélites…).

Por ejemplo, construir un centro de datos moderno puede costar entre 1.000 y más de 10.000 millones de euros, dependiendo de su tamaño y de la infraestructura necesaria.

Después llegan los gastos permanentes: electricidad, agua, mantenimiento, renovación del hardware, personal especializado, seguridad física, conexiones de alta velocidad y sistemas de respaldo capaces de mantener todo funcionando incluso durante un apagón.

En otras palabras, mantener Internet encendido para que puedas usarlo cada vez que te sientes delante de tu ordenador o mires el móvil, no sale precisamente barato.

 

 

¿Podrá sostenerse este crecimiento?

Ésa es la gran pregunta.

Cada año aparecen nuevos servicios digitales. Cada año generamos más fotografías, más vídeos, más documentos y más consultas a inteligencias artificiales.

Y cada año queremos respuestas más rápidas, imágenes con mayor resolución y aplicaciones más potentes.

Todo eso exige más servidores. Más centros de datos. Más electricidad. Más agua.

Y más inversión. Más dinero.

Y eso que las grandes compañías tecnológicas están respondiendo construyendo instalaciones más eficientes, desarrollando procesadores que consumen menos energía e invirtiendo miles de millones en energías renovables e incluso en pequeños reactores nucleares para alimentar los futuros centros de datos.

Pero los expertos coinciden en que mejorar la eficiencia, por sí sola, probablemente no bastará si la demanda de servicios digitales continúa creciendo al ritmo actual.

 

¿Podemos hacer algo como usuarios?

Aunque la mayor responsabilidad recae sobre las empresas tecnológicas, tú, como usuario, también puedes contribuir.

No hace falta renunciar a Internet ni dejar de usar la inteligencia artificial. ¡¡Por supuesto que no!!

Basta con utilizar los recursos de forma razonable.

Eliminar archivos que ya no necesitas, evitar almacenar duplicados, reducir la calidad de reproducción cuando no sea necesario ver un vídeo en máxima resolución, prolongar la vida útil de tus dispositivos o realizar un uso consciente de los servicios digitales ayuda, aunque sea en una pequeña medida.

Cada acción individual tiene un impacto reducido, pero miles de millones de pequeñas decisiones terminan marcando la diferencia.

 

El verdadero precio de lo "gratis"

No cabe duda que vivimos en una época fascinante. Nunca antes habíamos tenido tanta información al alcance de la mano ni herramientas tan potentes para trabajar, aprender o divertirnos.

Sin embargo, debes saber que cada fotografía que subes, cada vídeo que reproduces y cada conversación que mantienes con una inteligencia artificial tiene un coste que normalmente permanece oculto.

No siempre lo pagas con dinero. A veces lo haces viendo anuncios. Otras veces compartiendo algunos datos personales. Pero quien también lo paga  —y sin haberle preguntado antes—  es nuestro planeta, mediante un mayor consumo de energía, agua y de materias primas.

Así que la próxima vez que alguien diga que Internet es gratis, quizá puedas responderle que no. Lamentablemente hay una factura enorme que nunca vemos, pero que existe. Una factura que, de un modo u otro, acabamos pagando entre todos.

Posdata: Te animo, como siempre, a seguir leyendo otros artículos que también puedan resultar de tu interés. 🙋

 

 

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Información y consulta:

Hermenegildo Rodríguez Galbarro

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