Publicado: 16.JUN.2026
En 2024, el trabajo con herramientas manuales fue responsable del 15,3% de los accidentes registrados entre hombres durante la jornada laboral en España, según el INSST. Un porcentaje que, desglosado por sectores, se concentra precisamente donde más se usa ese utillaje.
Así que, si tu empresa trabaja con herramientas manuales y aún no ha revisado este punto, sigue leyendo este artículo.
El catálogo de utillaje de un puesto de producción o mantenimiento puede incluir destornilladores de precisión, llaves dinamométricas, una regla de acero o un calibre. Cada uno de esos elementos forma parte de las condiciones del puesto y, como tal, debería aparecer en la evaluación de riesgos.
El artículo 16 de la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales dice que la evaluación debe contemplar todos los factores que inciden sobre la seguridad y salud de las personas trabajadoras. Omitir el utillaje en la fase de análisis equivale a evaluar el puesto a medias, con todo lo que eso implica en términos de responsabilidad legal para la empresa.
Las organizaciones que usan el catálogo de herramientas en su evaluación siguen el principio de prevención desde el inicio, como dice el artículo 15 de la LPRL. Esto se considera una obligación que la Inspección de Trabajo observa cada vez más en entornos industriales y de mantenimiento.
Elegir bien una herramienta implica garantizar que es adecuada para la tarea concreta y para el perfil de quien la va a usar, algo que afecta directamente al sistema de gestión preventiva de la empresa.
De hecho, el Real Decreto 1215/1997 regula las disposiciones mínimas de seguridad para la utilización de equipos de trabajo y exige que estos puedan utilizarse sin riesgo para la salud de las personas trabajadoras. Eso incluye criterios ergonómicos que pocas evaluaciones recogen con el detalle necesario.
Así pues, una herramienta con un mango estrecho, que obliga a forzar la muñeca o que transmite vibraciones por encima de los límites recomendados, es un factor de riesgo de trastorno musculoesquelético. Esto puede tener consecuencias directas sobre el absentismo y la productividad de la organización.
Tanto así que los sobreesfuerzos representaron el 29,3% del total de accidentes laborales con baja en jornada en España durante 2024. El análisis de la ergonomía aplicada al utillaje en entornos de taller demuestra que revisar estos criterios en la fase de evaluación reduce de forma significativa la incidencia de lesiones acumulativas.
En las organizaciones con una gestión preventiva integrada, adquirir herramientas manuales es también una decisión con implicaciones directas en materia de PRL y responsabilidad empresarial.
Entonces, incorporar criterios preventivos al proceso de compra permite reducir el riesgo antes de que el utillaje llegue al puesto. Por su parte, gestionar un accidente, una baja prolongada o una sanción inspectora tiene un coste organizativo muy superior al de establecer un protocolo de adquisición riguroso desde el principio.
La planificación preventiva que obliga a elaborar el artículo 16 de la LPRL debe incluir también la revisión periódica del estado del utillaje y los criterios de reposición. Según el INSST, la evaluación de riesgos debe contemplar expresamente las herramientas y equipos utilizados en cada puesto, lo que convierte ese seguimiento en una obligación del sistema preventivo.
En definitiva, una herramienta dañada que aún se utiliza porque no hay un procedimiento de revisión por escrito aumenta el riesgo de accidentes. Y si además ocurre una inspección o un accidente, esto muestra una falla en el sistema de gestión, lo que puede traer problemas legales y económicos para la organización.
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